Agosto 2005
Una mañana cualquiera
Mi celular timbró. Salí al balcón del departamento de André para contestar sin interrupciones.
-¿Bueno?
-¡Naian, m'ija! ¿Cómo estás?
Acababa de reconocer su voz, y el simple hecho de que fuera él me molestó.
-Bien papá, ¿y tu?
-¿Dónde estás? Te estoy marcando al departamento y no contestas...
-Estoy en el depa de una amiga.
-¿Tan temprano?
-Es que nos vamos a ir a almorzar-. La verdad era que había pasado la noche ahí junto con otros amigos.
-Ah, ok. Oye, te hablo para decirte que ya me llegaron tus calificaciones.
Ya me lo esperaba.
A partir de ahí, empezó a hilarse toda una serie de sermones: que si era la mayor y el ejemplo para mis hermanos, que si la beca, el que dirán...
Había tenido una noche deliciosa con un ambiente lleno de humo de cigarros, alcohol y jueguitos mundanos. Y en medio de la ebriedad, ciertas habilidades desconocidas de mis compañeros fueron reveladas... Fernando, un chavo con complejo de hombre lobo, dijo que sabía leer las runas, André sabía leer el tarot y Damián hacía pequeños exorcismos que aprendió de su papá. La realidad es que estaba alcolizada, pero no tanto como para creer eso, y lo mismo pasaba con Gala y Pedro. Los 3 nos reímos (y mucho), luego se olvidó el asunto y seguimos en lo nuestro.
Después, al día siguiente, la llamada de mi papá arruinó el buen humor que traía por esa noche. Es cierto que me estaba yendo mal en la universidad, pero él no tenía ningún derecho moral para exigirme algo. Me despedí y colgué.
-¿Quién era Naian?- Preguntó Damián cuando entré a la sala, estaba sentado junto a André.
-Mi papá.- Y mi cara hizo notar el gusto que me había provocado la llamada.
-Bueno, ¿tú que tienes contra él?- Quedé inmóvil pues no sabía si contestar o no la pregunta.
-Mmmm... No es el tipo de cosas de las que se hablan antes de almorzar.- Contestó André por mí. Y yo le agradecí desde mis adentros el guardar ese secreto.







